Hace algunos años participé en un proceso de selección bastante largo, con tres o cuatro entrevistas. Finalmente me ofrecieron el puesto, pero tras conocer mejor la empresa decidí no aceptarlo.
Mi impresión fue la de una organización bastante tradicional: código de vestimenta formal (traje), ausencia total de teletrabajo y oficinas situadas en un polígono industrial alejado de Barcelona. Personalmente, no encontré un motivo claro para un dress code tan estricto en el tipo de trabajo que se realizaba.
Otro punto que me hizo dudar fue la gestión de las vacaciones, ya que me indicaron que estaban completamente fijadas por la empresa, sin margen de elección por parte del empleado. El sueldo un poco fuera de Mercado, por inferior.
En conjunto, sentí que no encajaba con el tipo de entorno profesional que buscaba en ese momento, más flexible y alineado con formas de trabajo actuales.
Con el tiempo, y al leer comentarios posteriores de otras personas que han pasado por la empresa, creo que mi decisión fue acertada, ya que muchas de esas opiniones refuerzan la impresión que tuve durante el proceso.